miércoles, 9 de mayo de 2012



EL INSTITUTO MONTESSORI SAN JORGE

(Una breve historia) 

LOS FUNDADORES

Para narrar en pocas líneas la génesis del “Instituto Montessori San Jorge” es preciso primero presentar a sus fundadores, los esposos Gols, un matrimonio catalán llegado a tierras venezolanas en 1940, escapando de la terrible guerra española, llamada “civil”, y huyendo de la barbarie  que se avecinaba en Europa.

Precisamente su identificación con las libertades democráticas que habían comportado el derribo de la monarquía y el advenimiento de la República en España en 1931, fue la causa de su inevitable exilio en 1938, hacia el final de la mencionada guerra fratricida, si querían salvar su vida y la de su familia.

Juan Gols Soler nació en Tarragona, la Imperial Tarraco de los romanos, en 1894. Hijo de músico, nada extraño es que la música fuera una de sus grandes aficiones, pasiones e incluso profesiones. No obstante, desde joven sintió una gran preocupación por la educación de la infancia, hasta el punto de dejar los estudios de medicina a mitad de carrera en la Universidad de Barcelona para matricularse en la Escuela de Magisterio de su ciudad natal, de donde salió graduado con brillantes notas. A los 23 años ya había ganado las oposiciones para Profesor de la Escuela Ateneo de Igualada, a 200 km. de Barcelona, de la que al poco tiempo era nombrado también Director.

Mercedes Cavagliani Traid, nació en Barcelona unos meses más tarde del mismo año en que nació Juan. Hija de un maestro director de orquesta dedicado a la ópera, tuvo su formación internada durante varios años en un colegio de monjas francesas en la misma Tarragona, por ser lugar de residencia de un tío que fue el encargado de su tutoría. Fue la mayor de los tres hermanos Cavagliani, y heredó de su padre unas buenas aptitudes musicales, cualidades que la llevaron a un estudio intenso de la carrera de piano.
Casados en 1919, tuvieron dos hijos: Joan Jordi (1921) y Marçal (1928).

Gols fue un hombre polifacético. Se dedicó a la música, escribió novelas, poesía, libros de cuentos para niños que él mismo ilustró, fue también caricaturista y dibujante, profesor de Topografía, profesor de Geometría Descriptiva en la Escuela Massana de Bellas Artes del Ayuntamiento de Barcelona, Jefe de Emisiones en Radio Associació de Cataluña y más tarde en Radio Barcelona, (la primera emisora de radio en España) traductor del inglés, francés, italiano, ruso, etc. No obstante, como se ha dicho antes, su vocación por la enseñanza fue la que sintió con mayor fuerza, si cabe. (Ya desde su cargo en la radio, promovió el bachillerato radiofónico, actividad pionera en el país)
Mercedes, por su parte, fue una fiel asistente a los cursos que dictó la eminente profesora Dra. María Montessori, cuando se instaló por un tiempo en Barcelona durante la República en los años 1930, invitada por el gobierno de la Generalitat de Cataluña. A título de curiosidad, cabe citar aquí que entre los muchos condiscípulos en aquellos cursos, en 1935 se encontraba la famosa pedagoga y poeta chilena Gabriela Mistral, que habría de ser premio Nobel en 1945.
Así, se puede afirmar que el matrimonio estaba formado por una pareja de maestros con un bagaje realmente notable.

A finales de la mencionada guerra española, Gols, que ya había sido juzgado por un tribunal militar a causa de una caricatura antimilitarista suya durante la dictadura del general Primo de Rivera en 1923, tuvo que marchar a un exilio forzoso. El nombramiento por parte del gobierno autónomo, como secretario del Consulado de la República en Marsella le permitió salir con la esposa y el hijo menor. El mayor ya había sido enviado con anterioridad para evitar su movilización militar.
Hacia el final de la guerra en España, una gran mayoría de exiliados republicanos escogió México como país donde refugiarse. El presidente de aquel país, Lázaro Cárdenas, no mantuvo relaciones con el régimen de Franco, e incluso dio asilo al gobierno de la República española en el exilio.
No obstante, durante la estancia de un año en Marsella y mientras ejercía como corresponsal para el periódico “La Esfera”, de Caracas, conoció a una familia venezolana que le convenció para que escogiera Venezuela como país de acogida. Ese había de ser el destino. Los Gols, viajaron de Burdeos a Santo Domingo en el paquebote “De La Salle”, habilitado convenientemente para el transporte de refugiados que dejaban Europa en busca de la seguridad y la mejor calidad de vida que les prometía América. Aquel barco francés con capacidad para 600 pasajeros estaba acondicionado provisionalmente para transportar a 3.000 refugiados, en su mayoría españoles. El viaje de la familia fue sufragado por el Comité Británico de ayuda a los refugiados, cuyo encargado en Perpiñan era el periodista inglés Donald Lee Darling, quien durante la guerra y acogiéndose a la invitación de la familia, se había alojado durante unos meses en casa de los Gols en Barcelona. Juan Gols había mantenido una breve pero intensa amistad con aquel flemático inglés que se presentaba como periodista cuando en realidad era un agente del Intelligence Service Británico. (Darling estaba en misión para informar de los acontecimientos en la zona republicana)

Después de una breve estancia en la República Dominicana, el “Cuba”, de la Cubana de Navegación, llamado familiarmente “La rumbera del Caribe”, se encargó de trasladar al grupo de inmigrantes hasta las costas venezolanas. Era el 2 de enero de 1940 cuando se presentó a la vista el verde majestuoso de la cordillera que bordea el litoral. La Guaira, con sus casitas de colores desparramadas por los cerros, más parecía un nacimiento que una ciudad porteña. El primer gran impacto para los europeos fue la sensación de bochorno y humedad. Acaso conviene recordar aquí que una “Guaira” (palabra de origen quechua, que significa viento) es el nombre que se da al pequeño horno para fundir la plata, especialmente. La denominación le cae bien al viejo puerto.
Nada más desembarcar, la oferta de “¿carro, señor? ¿quiere carro?” resultó sorprendente para los viajeros. A diferencia del “car” americano, en España, un carro tiene dos ruedas y suele ser arrastrado por un caballo o una mula, cuando no un burro. Gols comentó jocoso que prefería viajar en un automóvil, a ser posible!   
El trayecto por la vieja carretera que se encaramaba hasta la capital, fue para los recién llegados motivo de asombro y sorpresa: la exuberante vegetación, las mil tonalidades del verde, el calor sofocante, los pájaros... el contraste con la Europa vivida en los últimos años era enorme. Dos largas horas en un enorme y vetusto Chevrolet descapotable por la serpenteante carretera llevaron a la familia hasta la capital. Por aquellas fechas era difícil encontrar un solo rancho a lo largo del camino. 

A la sazón, Caracas, “la de los techos rojos”, contaba en aquel entonces con unos 350.000 habitantes. Después de un mes de modestísimo hotel en el centro de la ciudad, Gols encontró una quinta en alquiler en la avenida Los Castaños de la urbanización Los Chorros. Sin pérdida de tiempo le pintó el nombre en una de las columnas que sujetaban la verja de hierro de la entrada: “Sant Jordi”, el nombre del santo capadocio, patrón de Cataluña, el San Jorge que también lo es de Gran Bretaña.
Entre las necesidades que hubo que cubrir, nunca podía faltar el piano, así que un viejo piano-pianola vertical vino a ser uno de los primeros utensilios, es decir, una de las “primeras necesidades”, junto con los demás muebles indispensables. La cocina se abasteció pronto en el mercado al aire libre que se celebraba los sábados en Petare, y entre semana, el saco de arroz, el aceite, etc., en la tienda de D’Ambrosio Hnos., en el centro de Caracas.
Mientras tanto, Gols, de la mano de su viejo amigo el abogado y catedrático de Estadística en la Universidad de Barcelona, José A. Vandellós, entra a trabajar como dibujante en la Sección de Estadística del Ministerio de Fomento. Vandellós, había sido contratado por el gobierno venezolano para que organizara la estadística para el ministerio del ramo.

Pero, vayamos a nuestra historia: Jordi, que había hecho un cursillo de avicultura cuando tenia 16 años, encuentra trabajo como perito en la cuarta avenida de los Palos Grandes, en casa del señor Santana que tiene unas cuantas gallinas, pero que no sabe cómo cuidarlas de las epidemias. Conviene reseñar aquí, que el éxito de la gestión de Jordi en la granja, hace que el señor Santana decida montar una granja realmente importante, en suma, una granja industrial. Se mudan para la urbanización naciente de La Castellana, junto a la plaza principal, y ahí con el asesoramiento de Jordi, se construyen los inmensos gallineros. Algún tiempo más tarde y puesto que el asunto va viento en popa, el señor Santana decidirá prescindir de los servicios de Jordi, porque ya él había aprendido suficiente. No tardó mucho en aparecer una epidemia que dejó la granja sin una sola gallina, ni pollo, ni gallo que le cantara.

Del resultado de la mudanza, uno de los dos perros del señor Santana, un magnífico pembroke welsh corgi (único ejemplar en el país) fue regalado a una familia de Los Teques, pero el animal regresó por su cuenta a Los Palos Grandes después de un mes de estar amarrado en su nueva casa. En vista de ese resultado, Jordi lo llevó para la casa de Los Chorros. Nunca más abandonó el nuevo hogar, donde encontró el calor que le faltaba en el de origen. El otro perro, un gran danés llamado Stalin, no tuvo inconveniente en irse a vivir a La Castellana. Son anécdotas, citadas porque hubo ex alumnos que conocieron a algunos de los animales de compañía que corretearon entre las aulas.

En aquella época se construye el Cine Castellana como complemento de la urbanización que le da nombre y que también está en pleno desarrollo. Lo que había de ser la magnífica urbanización Altamira, de Don Luis Roche, no son más que campos llenos de matorrales, desde la carretera del Este en desnivel hasta el pie del Àvila. La alcabala de Chacaíto, donde había que detenerse en horario nocturno para pasar de un lado a otro entre el Distrito Federal y el Estado Miranda, poco a poco va disminuyendo su actividad hasta terminar desapareciendo.

Marçal queda inscrito momentáneamente en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, en Los Dos Caminos, y el matrimonio Gols empieza a proyectar la fundación de un colegio. Será un colegio que incorporará la nueva pedagogía, los nuevos métodos que ya se han hecho realidad en la Escuela Moderna de Barcelona desde principios de siglo.

EL COLEGIO

Aparece en escena la señora Fontbernat, hermana de quien fuera político, músico y colega de Juan Gols en labores radiofónicas. La mencionada señora se interesa mucho por el tema del colegio, pero a ella lo que realmente la mueve es el interés en ganar dinero. Su obsesiva frase es: “bolívares, bolívares, hay que hacer bolívares!” La cantilena se repite en cada reunión, hasta que Gols, cansado de oír la misma canción, en una de las reuniones le espeta: “¿Sabe? encontré una maquinita a la que basta con ponerle papeles de periódico y un poco de agua, y dándole a la manivela van saliendo los billetes a raudales!” Ni que decir que la mencionada señora nunca más apareció, y los Gols pudieron dedicarse con tranquilidad a preparar la apertura de la escuela, proyectada para el año 1941.

La base de la nueva escuela estuvo desde el primer momento centrada en los más pequeños, los párvulos, la sección denominada comúnmente “Kindergarten”, tomando el nombre del modelo alemán, muy al uso en Venezuela, aunque sólo fuera en la denominación, y pensando, como Montessori y como años más tarde hiciera el músico japonés Ichiro Suzuki, en los infantes a partir de los 3 años de edad. Como es sabido, la famosa doctora, había puesto en práctica para los niños normales las formas de enseñanza que se estaban  aplicando a los niños afectados por alguna deficiencia. En síntesis, observó que si tan buenos resultados obtenía con esas criaturas, no había ninguna razón para que no funcionara también con los niños que no padecían ninguna minusvalía. Y así fue. No es caso aquí de hacer panegírico alguno sobre el sistema. Cualquier maestro interesado conoce perfectamente las virtudes del sistema de la italiana genial. Los resultados son también de sobra conocidos. Así que, lo primero fue empezar a fabricar los utensilios que los pequeños deberían tener en sus manos desde el primer día de clase: barras de madera pintadas de dos colores para aprender a contar, pesas - también de madera - de diferentes tamaños, que se guardaban por orden de mayor a menor en recipientes con los espacios huecos, marcos con telas con ojales para aprender a abotonar, telas con cordones para hacer nudos, para sujetar clips; no sólo el desarrollo de las habilidades manuales, pero también los conceptos de espacio, de medida... todo el sistema de lectura que tanto prestigio otorga a la escuela, cartones forrados en papel satinado de brillantes colores con las letras recortadas en papel de lija, para pasar los dedos e iniciarse en la lectura según el sistema fonético, y la escritura que vendrá a continuación, lápices de colores, etc. El material es muy diverso y abundante.
Simultáneamente, sillas y mesas adecuadas a la estatura de sus futuros ocupantes, que la familia se dedica a pintar de azul y rosa, para niños y niñas respectivamente.
La quinta tiene en su parte delantera una agradable galería, y en lo alto de sus paredes Gols pinta unas escenas infantiles: niños corriendo con un aro, jugando con una pelota, meciéndose en el columpio, jugando gárgaro, etc. La decoración crea el ambiente propicio para la estancia de los pequeños.
Gols se ocupa de que el colegio sea oficialmente autorizado por el Ministerio de Educación Nacional, y así consta desde el primer día.

Como sea que los futuros alumnos habrán de ser muy pequeños, surge la idea de crear un servicio de recogida a domicilio para aquellos que lo soliciten. Jordi aprende a manejar, toma sus primeras clases, obtiene el título y acto seguido el colegio se hace  con su primer vehículo: un Ford de 1940, color vino tinto y de segunda mano, aunque en perfecto estado de conservación. Nace el transporte escolar, inexistente hasta aquel momento en Caracas.









La profesora Gols y Marçal.
Margara Gillio, Corina Herrera,
Franca Gillio y Carlos Herrera

Entre los primeros alumnos figuran los hermanos Herrera, Carlos y Corina, un par de gorditos que vivían por los alrededores de Los Dos Caminos. También las hermanas Gillio, Margara y Franca, italianas que vivían en la parte alta de Los Chorros. También Elena Feil, Noemí Varró, francesita, Ana Mercedes Zuloaga, una linda niña que vivía en la Avenida Principal de Los Chorros si mi memoria me es fiel. Y así, poco a poco, fue aumentando la inscripción a medida que corría la voz de que el colegio era realmente de fiar.
(Me permito citar algunos nombres dentro de las anécdotas, y me gustaría nombrar a todos cuantos estudiaron en el colegio, pero eso sería muy complicado. En todo caso, confío que entre todos podremos confeccionar esa fantástica lista)

Es costumbre distinguir a los alumnos de los distintos centros gracias a sus uniformes. El del Montessori será un overol azul para los varones y unos pantalones con peto, rosados, para las niñas. Que las niñas usaran pantalón era realmente una novedad en aquella Caracas que ni siquiera veía con buenos ojos que los varones usaran pantalón corto, porque “enseñar las piernas, no es de hombre”. (“Te pican los pollos!” era lo primero que un niño con pantalón corto podía oír, y yo lo puedo asegurar). 

A petición de los padres, un grupo de alumnos celebra su primera comunión

Mientras tanto, Jordi, empieza con su papel de chofer, recogiendo a los alumnos en sus casas mientras no deja su trabajo en la granja del señor Santana. Cada día, después de dejar los niños en el nuevo colegio, se dirige en bicicleta hacia la casa donde el señor Santana tiene su granja, en Los Palos Grandes.

El colegio donde estudia Marçal, en realidad más parece un poco un reformatorio que otra cosa, porque el alumnado, básicamente los internos, procedente en buena parte del interior, es, por decirlo de alguna manera, “más bien díscolo”. El “sistema” educativo, incluye el castigo de pasar el domingo en el colegio según la calificación semanal anotada en la boleta: puede ser medio día o día entero jugando en el patio, todo el día encerrado en una aula (el rolo) estudiando, todo el día parado dentro de un círculo marcado con tiza en el suelo, a pleno sol, (el degredo) y el más severo: encerrado en un calabozo. Con la excusa de que no sabe ni geografía ni historia patria, el director, Dr. Bustamante, con aspecto de mal talante y como salido de alguna tenebrosa película en blanco y negro, y a quien todos teníamos miedo, decide que Marçal debe inscribirse en tercer grado. El bachiller Medina, mi maestro, me pide ayuda durante algunos recreos para realizar sus tareas particulares de matemáticas. Al bachiller Medina se le atraviesan los “quebrados” y yo, que venía reforzado por mi padre y que en Francia estaba para entrar en primero de bachillerato, me divierto haciendo de maestro de mi maestro.

PRIMERA MUDANZA

El prestigio del San Jorge, con unos métodos ciertamente distintos, se extiende pronto por la urbanización. De manera imparable aumenta la matrícula hasta el punto de que en 1942 los Gols se plantean la necesidad de encontrar un local de mayores dimensiones.
Lo encuentran. Se trata del antiguo Club Monterrey, que desde hace ya algún tiempo se halla cerrado y en un triste estado de abandono. Originariamente, el Club constaba de dos locales. Para los adultos, al final de la tercera avenida de Los Palos Grandes, al pie del Ávila, con su gran piscina, 2 canchas de tenis, la pista de patinaje, hermosos jardines y unos magníficos salones para la actividad social. Hoy en día es la sede del Centro Catalán de Caracas. Para los pequeños, el enorme parque que ocupaba una manzana entera entre la segunda y la tercera avenida, en la misma avenida Miranda, antes llamada Ave. Del Este, encajado entre ésta y la primera transversal. Los socios del mencionado club, de paso hacia su local, dejaban a sus hijos en ese parque, que estaba equipado con columpios, toboganes, ruedas giratorias y otros artilugios aptos para los pequeños.
















Columpios, toboganes...
unos recreos fantásticos!

En ese gran parque, y en medio de su magnífica arboleda, los famosos palos grandes, había también cinco pabellones circulares, con unos hermosos techos cónicos hechos con hojas secas de palma, que parecían diseñados expresamente para albergar las diferentes aulas. En la parte más próxima a la Miranda, había un gran cobertizo que se presentó magnífico para el emplazamiento del Kinder. En el centro y rodeado por una buena valla de alambre, se albergaron un par de venados que la Sra. Gols compró en la tienda de Chacao “Los portugueses”, que abastecía de verduras la cocina del colegio. Ahí se alcanzó a abrir hasta 6º grado. La mudanza fue rápida y bastante sencilla.

Paralelamente, la familia utilizó los vestuarios de la pista de patinaje del club como dormitorios y habitaciones privadas. A fin de cuentas, las horas del día transcurrían íntegramente en las dependencias de la escuela.

Para esa época, Juan Gols fue contratado como profesor en la “Escuela de Artes y oficios para la mujer”, y ahí tuvo una alumna austríaca, Adela Sugar, cuyos padres estaban fundando, casi sin darse cuenta, una empresa de grandes dimensione y cuyo hermano Ernesto se convirtió en un destacado geólogo que llegó a ocupar altos cargos en la Shell. La señora Sugar era una muy hábil repostera que empezó vendiendo tortas los domingos en su casa de la placita de La Campiña, y acabó convirtiendo esa venta dominguera en la famosa “Pastelería Vienesa”. Adela empezó a colaborar con la señora Gols en el Kinder del colegio, y no tardaría mucho en recomendar a una compañera de la Escuela de Artes y Oficios para que se incorporara también como ayudante en la clase de los más chiquitos, cuyo número ya estaba empezando a aumentar de manera considerable. Su amiga se llamaba María Luisa Rengifo.


María Luisa Rengifo y la profesora Gols con un grupo de kinder


5º grado. Olga y Lolita San Román, Margarita Ravell, (?), Alberto Oriol y Ramón Mosquera

Dentro del apartado de las anécdotas, habría que consignar que en esa época se incorporan los hermanos Chirinos: Jorge, Ricardo, José Antonio y la pequeña, Antonieta. El profesor Gols decía que se trataba de las siete plagas de Egipto concentradas en tres niños, aunque añadía que la niña era la última versión mejorada! En cierta ocasión, el mayor, Jorge, durante la hora del recreo, pasó corriendo por detrás de uno de los columpios. El golpe que le asestó la banqueta de madera en la cabeza, le dejó media oreja guindando (usaba gafas). Juan Gols le arregló la oreja con esparadrapo, de tal manera que poco tiempo después ni se notaba el traumatismo sufrido. La mamá, cuyo nombre si no recuerdo mal era Olga Mondolfi de Chirinos Lares, siempre decía que sus hijos habían heredado su desbordante actividad, y que era normal que fueran tan revoltosos y que no había quien les pusiera freno. Era una señora tremendamente simpática y agradable.

Para esa época, 1943, el colegio se amplía día a día. Se adquieren dos camionetas rancheras Ford, una del 41 y otra del 42, para el transporte escolar. El antiguo Ford comprado un par de años antes, se muestra insuficiente para el cometido. Hay que contratar a un chofer puesto que Jordi sólo puede manejar uno de los vehículos. Se trata de Alberto Neazoa.
Alberto trabajó en el Montessori durante dos períodos: en el primero, se comportaba como un auténtico matón. Pendenciero que no rehuía ningún enfrentamiento y no le tenia miedo a nadie ni a nada, pero muy atento, servicial y amable con la señora Gols, a quien ayudaba en lo que hiciera falta, y a quien admiraba y respetaba. Él me enseñó a tomar mi primer cafecito a un cuarto para las seis de la mañana, cuando yo iba de acompañante en el transporte escolar. Ahí aprendí también que sólo era posible sorber ese café vertiéndolo en el platico, de lo contrario, la quemadura era inevitable. Recuerdo la anécdota del día en que Alberto apareció muy preocupado porque descubrió que las rótulas le bailaban de uno al otro lado de la rodilla. Reímos mucho cuando le expliqué que era normal, y que a todos nos ocurre lo mismo.
En 1945, un buen día, los organizadores de la magna fiesta con motivo de la fundación de URD, solicitaron los locales del club para celebrarla con una gran ternera. Imposible negarse. A una hora prudente, las personalidades, con su líder Jóvito Villalba al frente, se marcharon, dando por terminada la fiesta, pero fueron los rezagados quienes organizaron el gran alboroto. Aquello fue una rasca tan imponente, que no se puede describir. No creo que hubiera un solo ciudadano que pudiera mantenerse sobre sus pies, y eran muchos! Alberto y su compañero Lino se la pasaron repartiendo puñetazos a diestro y siniestro. Lo que empezó por defender al profesor Gols de las amenazas de unos borrachines, acabó a altas horas sacando a la calle a los que no podían marchar por su propio pie.

Lino, Báez de apellido, fue otro personaje importante en el engranaje. Era jardinero, y por cierto muy hábil. Hombre de ojos verdes, creo que tenía algo de indio, aunque fuera por su carácter. Introvertido en extremo, con una hierbita en la comisura de los labios y sentado en cuclillas, era capaz de pasar horas sin moverse y sin decir una palabra. Era puro músculo, y un magnífico jugador de billar. Fue mi maestro en este juego y yo pasé muchas horas aprendiendo el juego y el valor del silencio en aquel añorado local, del magnífico Club.

En esos tiempos se impone la norma del acompañante en el transporte. Ningún vehículo saldrá sin una maestra que cuide de los pequeños pasajeros. A causa de la guerra mundial en curso, la escasez se nota en muchos ámbitos, y en el caso del transporte, afecta de manera especial la falta de cauchos. Hay días en que se llega a reparar hasta 5 veces la misma rueda. Hay que recauchutar constantemente y las reparaciones se tienen que hacer muchas veces en medio de la calle en el transcurso del transporte del alumnado.

Se van añadiendo nuevos docentes, la mayoría mujeres, y entre ellas la recomendada por Adela Sugar, Maria Luisa, que también será una asidua acompañante en ese transporte, y siempre que es posible, en la camioneta que maneja Jordi! De nuevo una anécdota: en esa época está inscrita una niña muy pequeña, Evangelina Villegas, protagonista de un gracioso hecho cuando sus papás la encontraron bañándose en su casa, pero arropada con una bata, porque decía que el agua estaba demasiado fría. Yendo a recoger a esa niña tuvo Jordi un primer accidente, al atropellar a una niña rompiéndole una pierna cuando salió corriendo entre  dos carros estacionados en la calle. A raíz de ese suceso los padres matricularon a la niña en el colegio. Ni Adela ni Maria Luisa son maestras tituladas, pero con su vocación y bajo el tutelaje de la señora Gols se convierten en auténticos puntales en el departamento de los más pequeños. Es un tiempo en el que dadas las carencias pedagógicas, las exigencias en materia de titulaciones eran mínimas, manteniendo, eso sí, que las clases en los dos finales de etapa de primaria, 4º y 6º grados, debían ser impartidas por maestros venezolanos. 
Jordi, además del transporte empieza a responsabilizarse de algunas clases en distintos grados, y yo, que a partir de 1941 estudié  en el colegio La Salle, que en esa época estaba ubicado entre las esquinas de Santa Bárbara y Tienda Honda (si no recuerdo mal) siempre que tenía tiempo, aprendía y ayudaba, sobre todo en el kinder, que es lo más complicado y difícil, y donde el sistema Montessori marca la gran diferencia. Precisamente en esos inicios (nueva anécdota) tuve mis primeras experiencias pedagógicas: Marçal, vete a buscar a Albertico que está en la rueda. Cuando le digo que si no quiere ir lo llevaré yo, me agarra por el cabello y me empieza a halar duro. Ante mi fracasado encargo, mi madre me explica: “Ojo por ojo, diente por diente”, esa es la doctrina en este caso. “Albertico, vamos”, “te muerdo”, “yo también”. A mi me quedó el mordisco en sangre, a él, la marca de mis dientes. Final: “yo voy solo”, “perfecto “. A partir de aquel momento Alberto (¿José?) Rivero se convirtió en mi mejor amigo; cada vez que me veía se me echaba a los brazos. Alberto vivía en El Rosal, y si recuerdo bien, muy cerca de Luisito Navarro y José y Eleonora Gabaldón.


Final de curso

Las fiestas de final de curso se celebran en el local del club, en la parte alta. Empieza a formarse un coro infantil para el que el profesor Gols escribe canciones. El primer número del acto suele ir a cargo de los más chiquitos con alguna canción con gestos de Dalcroze que también el profesor ha traducido y adaptado. “La casita” (allá veo una casita, así, así...) “Juan Bimbita” (va hacia la escuela) etc. Suelen terminar las fiestas con alguna obra de teatro, también adaptación hecha por Gols. “El gato con botas” (que le pregunten a Héctor Soucy!), “El traje del emperador” ¿era Carlos Travieso?)... De ese tiempo existen testimonios gráficos,* con las hermanas San Román, Lolita y Olga, Virginia Betancourt, Carlos Travieso, Anita Punceles, Pablo Kirchmeyer, Jacinto Gómez, Aguerrevere, etc. Gols mantiene una buena sintonía en su relación con el padre de Virginia, el político y periodista Rómulo Betancourt, que poco tiempo después se convertiría en Presidente de la República. Recordemos que Gols fue periodista entre otras muchas actividades.


El coro del colegio empieza a cobrar importancia

Aguerrevere, Pablo Kirchmeyer, Jacinto Gómez, Carlos Travieso, Lolita San Román, Anita Punceles, Renata (?), Virginia Betancourt, Olga San Román y (?)

NUEVO TRASLADO - BAJO EL GRAN MATAPALO

El colegio sigue creciendo, pero la empresa Coney Island adquiere el local donde se encuentra y hay que mudarse. Es 1945. Se inaugura la fuente de la plaza de Altamira con el obelisco y el estanque, donde se pone de moda el encuentro de los jóvenes y los no tan jóvenes cada jueves a su alrededor, paseando y oyendo música por los altavoces. El Montessori se traslada a la quinta San José, en la cuarta avenida de los mismos Palos Grandes. Es una gran casa, con un frondoso jardín en el que luce un fantástico matapalo. En ese jardín, y de la mano de la maestra Anita Rojas Fortoul, inspirada por las indicaciones de la profesora Gols con sus viejas experiencias en arte dramático, buena parte de las clases de historia patria se realizan al aire libre. Ahí aparecen Guaicaipuro y Diego de Losada, también Francisco Fajardo, Terepaima, Guaicamacuto... más tarde saldrán a escena los próceres de la independencia, y el alumnado se disputará los papeles más relevantes. Se escenifican las batallas y los impresionantes procesos de lucha por la libertad, primero la de los pobladores autóctonos, más tarde por aquellos que se encontraban sometidos. Se trata de conocer la historia del país de una manera realmente amena, huyendo de la aridez de los libros del hermano Nectario Maria.

Poco a poco se van incorporando nuevas maestras, ahora ya sí, todas tituladas: Lucila Pérez, Lucila Márquez, que seguirá mucho tiempo, Hilda Bello y su hermana Mireya que ayuda en el Kinder pero básicamente se convierte en acompañante en el transporte, Luisa Peppe Mancini, una maestra italiana muy eficaz y dispuesta, y tantas otras...
Las camionetas hace tiempo que quedaron insuficientes y se adquieren los primeros autobuses. El primero fue un Studebaker que pronto se quedaría pequeño, con lo que habrá que comprar otro, que será de la misma marca. Se pintan de azul y aparte del nombre, llevan incorporado el logo que Juan Gols diseñó tiempo atrás. La flota de autobuses seguirá creciendo de acuerdo con el aumento de alumnado. Poco a poco se añadirán los Diamond, International y G.M.C. Hay que ir a buscar alumnos hasta Catia. En aquellos años, el viaje era largo y no existían las autopistas. Los autobuses salen del colegio a las seis de la mañana para llegar de regreso cerca de las ocho. El horario de clase es de 8 a 11 y de 2 a 4, que es cuando el transporte emprende el 4º y último de los viajes del día.


El coro, en la quinta "San José"

La Familia Gols encuentra vivienda en la quinta “Magnolia”, en la tercera avenida, esquina con la tercera transversal, creo, hoy calle tres, muy cerca de la escuela y donde hoy se ubica un edificio con el mismo nombre. En esa quinta se instala el comedor para el alumnado seminterno, que se desplaza diariamente desde el colegio, distante tan sólo a una cuadra. Ese es el mismo recorrido que hace cada día el gran mucuchíes blanco del Montessori para encontrarse con uno de los perros de la familia Capiello y caerse a mordiscos mutuamente, a una media de una pelea semanal. Estel, se llamaba. Se trataba de dos cabecillas cuya disputa por la supremacía en el barrio era conocida por todos. Creo que nunca llegó a quedar claro quien era el macho  dominante; las tablas fueron el denominador común. En aquella misma quinta llegó al final de su vida, León, aquel corgi fantástico que había acompañado a la familia desde Los Chorros.
Jordi hace ya tiempo que se incorporó definitivamente al colegio. El “cese” en la granja avícola facilitó las cosas. Marçal también tiene a su cargo clases mientras termina su bachillerato nocturno que había iniciado en 1944 en el Liceo Alcázar después de cursar el primer trimestre diurno en el Andrés Bello, - cuando el director era Dionisio López Orihuela y las muchachas llevaban un uniforme de falda blanca con peto y camisa de rojo chillón - hasta terminar con la modalidad de semestres en el Liceo Juan Vicente González, por allá por El Silencio. Se aprende a fumar con Lucky Strike, que viene en cajetillas envueltas en celofán de color verde, antes de que según el slogan, éste se vaya a la guerra y los paquetes de cigarrillos cambien a color blanco.
Alberto Neazoa, había reaparecido después de una larga ausencia. Volvió solicitando el mismo trabajo anterior: chofer de uno de los autobuses. Pero esta vez vino después de haber abrazado la religión evangélica. A partir de ese momento, para él, hasta subir en un ascensor era un grave pecado. Su reincorporación fue breve. Lino, también tuvo que dejar el jardín. Su esposa, Lourdes, que era la cocinera para el comedor escolar, empezó a padecer problemas mentales, hasta llegar a salir desnuda por las calles. Ahí ya fue el final. Lino tuvo que llevársela.

En la quinta "San José", frente a la entrada

En octubre de 1945 se produce la revolución que acaba con el régimen del General Isaías Medina Angarita, que a su vez, había sucedido al General Eleazar López Contreras, y en diciembre de ese mismo año, Jordi y Maria Luisa se casan en la iglesia de Petare. No hay celebración de ningún tipo. Es un matrimonio celebrado con la máxima discreción y austeridad.

El alma del colegio es Mercedes, a quien todos conocen por la “profesora Gols”. Es la directora, da clases en el Kinder, supervisa el trabajo de todo el personal docente y no docente, y los reúne periódicamente para resolver problemas y marcar directrices. Todo transcurre con una gran naturalidad y familiaridad. La profesora también lleva las cuentas que cada día, mejor sería decir cada noche, se van complicando más a causa de su volúmen. También dirige el coro. Se ensaya por cuerdas durante los recreos de las mañanas, que duran cerca de 30 minutos. Los sábados hay ensayo de conjunto. El profesor Gols enseña dibujo, manualidades, a hacer mapas que son verdaderas obras de arte, con acuarela y tintas chinas. Jordi seguirá más adelante con algunas de esas actividades,  imprimiendo una rígida y severa exigencia en la confección de los mencionados mapas.

Jordi y Marçal ponen en escena algunas funciones de títeres, aprovechando una colección de ellos encontrada en el anterior local. Se trataba de unas bellas figuras talladas en madera que aquel antiguo club Monterrey había importado de Bélgica. Lucían unos lujosos vestidos, ya algo deteriorados por el tiempo, que la profesora Gols se encargó de renovar.
En 1946, con el nuevo gobierno, el ministro de Educación, Humberto García Arocha, presenta el polémico y famoso decreto 321. A nivel privado, se puede señalar que Marçal  se beneficiará con ello, pues le permite ahorrarse los exámenes de fin de curso, pasando directamente a 4º de bachillerato.

El grupo de Jordi

Probablemente, el Montessori fue el único colegio privado (o al menos, de los pocos) que apoyó decididamente la mencionada medida, y Eleonora García Larralde, hija del ministro y alumna del colegio en aquellos momentos es quien mejor puede comentar el caso.


Cantando aguinaldos en el Teatro

En ese mismo año, se fundó el colegio “Moral y Luces – Herzl Bialik”. El prestigio del que ya gozaba por aquel entonces el profesor Gols, hizo que el grupo de familias judías  gracias a cuyos esfuerzos se logró la fundación del mencionado colegio, propusiera a  Gols el cargo de Director. (En el apéndice se puede leer el artículo que el profesor escribió como comentario a la apertura del colegio).*
También por aquellos tiempos se incorpora un nuevo chofer para el transporte escolar. Se trata de Espinoza.

1947, será un año que marcará para siempre a la familia Gols. Nacerá el primer hijo de Jordi, que bautizado por sus papás con el mismo nombre que el progenitor, todo el  mundo lo conocerá y llamará por el diminutivo, así, siempre será Jordito. Son buenas noticias.
Las malas, son que para semana Santa, Juan Gols ya se encuentra enfermo, aún cuando todavía tiene ánimos para añadirse a una excursión para pasar unos días en Camurí, y dormir cerca de la playa en un buen chinchorro y entre cocoteros. Cuando tiempo atrás se queja al médico, éste le dice que no sea exagerado, que eso no es nada: “¡Profesor! ¡eso no es más que un “bultico” en la barriga!...” La discreción no me permite dar aquí el nombre del médico cuyo error en el diagnóstico tuvo tan trágicas consecuencias, aunque por otra parte, también es cierto que en aquella época, su enfermedad era de difícil curación.
El doctor Alfredo González Navas, cuya esposa Carmen Elena es hermana de María Luisa, se encarga de hacerle una exploratoria al profesor. Asiste a la operación el Dr. Augusto Pi Sunyer, que había manifestado su extrañeza por la falta de diagnóstico ante la enfermedad.
Es cáncer. Avanzado. No hay nada que hacer. Jordi removerá cielo y tierra en busca de los inyectables que permitan mitigar cuando menos la agresividad de la enfermedad. Gols volverá a casa desde la clínica Razzetti, para estar acompañado de la familia durante los días que le quedan. Recibe numerosas visitas, entre las que cabe destacar las de Abel Vallmitjana, que con su simpatía y amena conversación le hace pasar algunas horas de entretenimiento que de alguna manera alivian el malestar. Pero el acto verdaderamente emocionante tuvo lugar el día en que, habiendo ensayado con el coro del colegio, la profesora Gols se presentó en silencio acompañada del grupo infantil hasta el jardín de la quinta La Magnolia, y al pie de su ventana le cantaron la bella canción que él mismo escribiera no mucho tiempo atrás: “Quisiera”.
El crítico de arte Israel Peña le dedicó un capítulo de su libro de recuerdos “Música sin Pentagrama”, en cuyo final se puede leer: “Es una verdadera joya de espontaneidad musical, de ingenua frescura, de irresistible belleza”.

El día 2 de julio, Juan Gols falleció. Rómulo Betancourt, Presidente del país, hizo un alto en su intensa actividad para acompañar a la familia en esos momentos tan dolorosos. Gols tenía 52 años.

Desde hacía tiempo, Juan Gols tenía noticias de que Xavier, el hijo de su hermano Vicente, tenía gran parecido con su padre. Juan y Vicenç, desde niños habían sido compañeros inseparables de travesuras. Los recuerdos se agolpaban, así que se empeñó en intentar que el sobrino fuera para Venezuela, acompañado de la madre y la hermana, Montserrat, algo mayor que él. La posguerra en España fue una época muy dura, y emprender un viaje hacia tierras americanas no dejaba de ser una aventura, más por los trámites necesarios que por el viaje en sí mismo. Finalmente y después de superar toda la burocracia del momento, embarcaron para llegar a tierras venezolanas el 27 de septiembre de 1947. Lamentablemente, fue demasiado tarde para que uno y otros pudieran disfrutar del reencuentro. Los retrasos ocasionados por la lentitud de las gestiones burocráticas fueron los causantes del desencuentro.

Montserrat y su mamá, Neus, Nieves en castellano, no tardaron mucho en buscar nueva vivienda, mientras que Xavier se quedó, incorporándose pronto a los quehaceres del colegio y amarrando una estrecha relación con Marçal, que todavía hoy sigue muy viva.

NOS MUDAMOS DE NUEVO

El colegio sigue creciendo. Se presenta la oportunidad de adquirir una hermosa quinta con un gran terreno, algo más arriba de la “San José”. Está situada de oeste a este entre la cuarta avenida y la quebrada que separa Los Palos Grandes de Santa Eduvigis, y de sur a norte entre un terreno vacío que la separa de la residencia del agregado militar de la embajada de los EEUU, y la quinta donde tiene su consulta el veterinario Dr. Goldmann, situada entre el colegio y la quinta donde vivían los Belfort (?), en la esquina con el principio de la quinta avenida, donde muy cerca vivían (?) las hermanas Feil, Elena y Myriam.

El problema es que no hay dinero para esa adquisición, así es que se reúne un grupo de padres con la Sra. Gols y le proponen sufragar la compra a base de bonos de 500 bolívares, que la escuela irá devolviendo sin intereses y con entera libertad. La propuesta es de una generosidad extraordinaria, y es difícil rechazarla, aún a costa de los sacrificios que habrá de costar. Mercedes, acompañada por Jordi, acepta el reto. Algunas familias compran bonos hasta por valor de 3.000 Bs. Otras, optan por solicitar que la devolución se realice descontándola mensualmente de la factura del colegio, cosa que por otra parte complica un poco el proceso pues disminuye los ingresos. Faltaba una parte importante para completar, cuando el seguro que tenia suscrito obligatoriamente Juan Gols por su cargo en la Escuela de Artes y Oficios viene a completar el total de la compra. Fueron 80.000 bolívares, (creo recordar) cantidad más que considerable para aquella época, que permitieron redondear el pago del mencionado terreno.

Nueva mudanza. Esta vez es rápida, dada la cercanía. Se aprovechan las vacaciones, y formando equipo, Jordi, Marçal y Xavier se meten a constructores. Las paredes fueron levantadas por profesionales, así que para los improvisados quedó el cemento de los pisos. Al fin, quedó levantada una estructura al borde de la quebrada, en que hay paredes de ladrillo, techos de zinc, y lo más importante, pisos de cemento. Hay que consignar que se acababa de incorporar al equipo el maracucho Andelfo Valderrama, quien además de manejar uno de los autobuses, vino a formar junto a Marçal la defensa del equipo de fútbol “Catalonia Futbol Club” que el mismo Jordi, con la colaboración (más moral que otra cosa!) del hermano y del amigo Jorge Fábregas habían fundado en 1945. También Andelfo ayudó en el trabajo de albañilería.
Más adelante se levantarán otras dos aulas con el mismo sistema. Éstas se ubican  al lado de la cerca que separa el terreno con el del Dr. Goldmann, y son algo más grandes, con la idea de que ahí se darán los cursos de los mayores y donde se colocará pronto el bachillerato, que se irá abriendo a medida que el alumnado de sexto grado vaya abriendo paso.


La entrada

La quinta donde se ubica nuevamente el colegio está rodeada de árboles, alguno de fruta de pan, pero básicamente mangos, entre los que pronto aparecerá una pereza que de vez en cuando se cae de espaldas desde la altura, produciendo el sonido característico de un saco lleno de aire. Aunque los golpes más sonoros son los de los enormes mangos y de los frutos de pan cuando caen encima de los carros y los autobuses que se cobijan a la sombra de la arboleda. Hasta el parabrisas del Buick de Marçal hubo que cambiar a causa de un “mangazo” descomunal.















Frente a las aulas




La salida


Un buen día, el papá de los hermanos Campagna: Aixa, Judith, Silvia e Ítalo, trajo al colegio un cachorrito de tigre. Por error, durante una cacería habían matado la madre, sin saber que estaba acompañada de una cría. Para el almuerzo del semi-internado, llegaba dos veces por semana un cuarto de res. Cuando el tigrito olió por primera vez esa apetitosa carne cruda, pareció volverse loco. No podía quedarse, hubo que devolverlo a su cazador.

                               Enriqueta Muñoz, la madrina

Se organizan los deportes. Hay temporada de fútbol y de base-ball para los varones. Se juegan campeonatos inter clases. También se juegan campeonatos de fútbol a 5, en que los equipos cuentan con sus respectivas madrinas. Jordi, Xavier, Marçal y hasta Andelfo forman en los distintos equipos. Incluso hay accidentes, como cuando Jordi se rompió una pierna intentando robarse el “home” que estaba bloqueado por el catcher, Xavier.


                               Carmina Guimet, la madrina


Marçal, también entrena el equipo de Volley-ball femenino - con el que incluso se participa en campeonatos inter-escolares, - y también enseña a jugar ajedrez,  organizando campeonatos. También llegábamos a jugar simultáneas después de almuerzo con grupos numerosos de candidatos.

El equipo de Volley Ball femenino:
Vera Gottlieb, X, Evangelina Pinedo, Trina Capriles,
Clarita Berckemeyer, Anita Litasi, Enriqueta Muñoz,
Arriens, Mireya Poleo, Mª Adelaida Octavio, Mª Eugenia Frías

En el taller aumenta la actividad: decorando cerámica, repujado de cuero y talla de madera, cofres, cajas, figuras... Jordi, que había estudiado Arte y Diseño en la Escuela Massana de Barcelona, sigue las pautas que en su día había trazado el profesor Gols.


Mª Asunción Grases, Fabio Pernetz y Mario Hernández en el taller

Con frecuencia se organizan excursiones, a las cuevas de El Encantado, la Colonia Tovar, El Junquito, Turiamo, donde algunas veces también ha habido pequeños grupos que más bien han parecido la prolongación de la familia Gols.


Lucila Márquez y Jordi encabezando el grupo camino de El Encantado


En la playa de Turiamo

El coro del colegio se convierte en una pieza fundamental para cimentar el prestigio de la institución. Ensayos por cuerdas durante las horas de recreo, como ya se apuntó antes, cánones: “el grillo”, “Do, re, mi, fa, sol”, “La escala”, “Ya llegó la primavera”, corales de Bach, “El Señor es mi fiel pastor”, pequeños corales de Brahms, Medelssohn, canciones navideñas, canciones populares, “El señor Don Gato”, “Himno a la alegría” – arreglo del coro de la novena sinfonía de Beethoven, “El eco” de Orlando di Lasso, las de Juan Gols, “Matinal”, “Quisiera”...


El coro, cada día más numeroso

El coro del Montessori fue probablemente el primer coro infantil en cantar en directo por televisión, haciendo su presentación al poco tiempo de fundada Televisa Canal 4.

En 1952 salimos por televisión

Se organiza también el grupo de danzas: “”El Sebucán”, “El San Pedro” de Barlovento, “Los Chimichimitos”, “La Chichamaya”, “El Tamunangue”... Acompañan los bailes el conjunto formado por los mismos alumnos, cuatros, maracas, tambores... Destacan Fernando Pastor y Melchor Centeno con sus cuatros, ambos auténticas promesas. Acaso vale recordar la propiedad y justeza del vestuario: las hembras con sus amplias y floreadas faldas de colores, blusas blancas y flores en las cabelleras, los muchachos con sus liqui liquis, alpargatas y sombrero de cogollo. También se aprenden danzas catalanas. En algunos casos hay que recurrir a la trampa de que alguna niña haga el papel de hombre. Maritza Rubio ?


El Tamunangue


Gran espectáculo


Aunque desde el principio de su trayectoria las fiestas de Carnaval siempre fueron objeto de atención muy especial para el colegio, a partir de este período, año tras año van cobrando una relevancia cada vez mayor. Todos los rincones se encuentran inundados del color de los disfraces y la alegría desbordada de la gente joven se contagia a los adultos que asisten masivamente a las fiestas. Concursos, juegos, música, merienda y los tradicionales desfiles para rendir pleitesía a la Reina y su corte de damas de honor. Es de señalar que la elección de la Reina se realizaba mediante el proceso de votación individual y secreta. De esta manera, cada clase elegía a su candidata, que luego competiría con las restantes por el mismo sistema. Era la misma fórmula empleada para nombrar las “madrinas” de los equipos de fútbol a 5, de los campeonatos inter-clases que se jugaban todos los años.

¡Llegó Carnaval!


Y sus reinas...

Mª Grazia Dellanotte


Maripura Guimet


Isabel Ortega

La actividad teatral que había comenzado con las adaptaciones infantiles del gran repertorio clásico hechas por Juan Gols, encuentra ahora su continuidad bajo la dirección de Marçal, empezando también con Molière... “El burgués Gentilhombre”, donde el gran papel era de Giannastasio, si no recuerdo mal.

Con la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) se instaura la “Semana de la Patria”, dedicada a la exaltación del orgullo nacional, a los próceres de la independencia y a los logros del gobierno militar. Todos los actos se desarrollarán alrededor del 5 de julio, y culminarán con grandes desfiles. Precisamente para esos desfiles son convocados absolutamente todos los colegios, públicos y privados. Queda claro que no hay posibilidad alguna de abstenerse, así pues, el Montessori contrata los servicios de los instructores que enseñarán al alumnado a desfilar militarmente y a manejar trompetas y tambores como auténticos profesionales, pues no hay que olvidar que el estudiantado deberá desfilar acompañado de bandas secas. Con mayor o menor éxito, todos los colegios tuvieron que pasar por esa experiencia, pero lo que llamó verdaderamente la atención del público fueron los uniformes que lucieron los integrantes de la banda seca del Montessori, que a diferencia del resto de los desfilantes se presentaron con el traje de gala típico: liqui liqui, sombrero de pelo’e guama y botas de montar. La feliz idea, nacida de la imaginación de la profesora Gols, causó un impacto del cual se hicieron eco hasta los peródicos que reseñaron los actos.

La cabeza del desfile: Laignel, los hermanos Budowski y Monique Horande


La banda seca


Con su elegante liqui liqui


Y el uniforme de gala

La profesora Gols organiza las clases de música para aquellos que las solicitan. El piano corre a cargo de la profesora Gabriela Borota, violín Noel Cucic, Violoncelo Eugenio Marullo. Poco después, Elmer Glanz sustituirá a Cucic. Se organiza un pequeño conjunto de cuerda, que actuará en los actos de final de curso. La que había de ser una pianista fuera de serie y que era ya un auténtico prodigio, María Antonia Frías, también había mostrado alguna vez su extraordinario talento. Su desaparición siendo aún una niña, fue una verdadera tragedia.























Empieza a funcionar la pequeña orquesta de cámara

Nueva anécdota: Bogdan Chruzcz es uno de los estudiantes de violín. Muchos años más tarde, en 1980, Bogdan y Marçal se encontrarán en EEUU para tocar juntos el segundo concierto de Wieniawsky con la Miami Symphony Orchestra. Bogdan se había convertido en un prestigioso solista siempre solicitado en el área de Florida.

En la primera época del semi-internado, Marçal aprovechaba la hora del almuerzo para estudiar un poco el piano. Ahí sonaban nocturnos y valses de Chopin, algunos Debussy y Bach. Ahora, después del almuerzo había fútbol o base-ball según la temporada.

Es durante ese período cuando se incorpora al jardín el italiano Augusto Rivieri. Más tarde también llegan otros italianos, Giulio y Felipe, éste, ayudante de cocina, al frente de la cual está Pierre, un francés que además de excelente cocinero era un magnífico maestro pastelero. Entre el personal no docente también trabajan algunos en cortos períodos. Para llevar las cuentas se incorpora Amado Gutiérrez, un vasco que era contable y además un excelente clarinetista. El transporte queda en manos de Xavier que con sus conocimientos hace el mantenimiento de la flota de autobuses, y maneja uno de ellos. Los otros son llevados por Andelfo y Ribas.

El personal docente se amplía. Entre otras, se incorporan tres maestras que dejarán huella. Se trata de Juanita Borobia, una navarra de mucho carácter, vieja escuela, recia y exigente, que es tan estimada como respetada. María Dolores Pla, con una paciencia y dulzura infinitas, que fue maestra durante la República en España y que la represión franquista había apartado de la docencia, y Zaira González, que por aquel entonces era estudiante de leyes, una muchacha joven, alegre y deportista. Se puede afirmar que todas ellas se integraron como si de una gran familia se tratara.

A todo este estupendo equipo, también hay que agregar la incorporación de Rafael Modolell y su esposa Lila. Rafael, más bien pequeño de estatura, de ojos atigrados y nariz aguileña, era oriundo de Sitges, encantadora población costera cercana a Barcelona, en España. Apasionado por el fútbol, dejó su trabajo en Maracaibo para trasladarse a Caracas y así poder jugar en las filas del Catalonia FC mencionado antes. Su trabajo en el colegio consistió en manejar uno de los autobuses, mientraas su esposa ayudaba en los quehaceres del Kinder. Su paso por el colegio fue más bien breve, ya que se trataba de poner un pie en la capital antes de encontrar plaza en un Banco, que era para lo que estaba preparado. Lila, la persona con más refranes por minuto que nunca haya conocido, era llanera, concretamente de San Fernando de Apure y prestó durante un tiempo un buen servicio al colegio, tanto con la atención a los pequeños como eficaz acompañante en los autobuses.

Los tiempos cambian, y con ellos también las costumbres. Viene al caso decirlo porque así se podrían contar las etapas del colegio recordando la temporada en que jugar a  metras  era la principal ocupación durante los recreos, y a fe que había auténticos campeones. Se aprovechaba cualquier momento: justo al entrar a clase, cuando se formaban filas, antes de montarse en el autobús. Al menor descuido ya había quien trazaba un círculo en el suelo con el pie. El día menos pensado aparecía alguien con un trompo, y a los pocos días no había un rincón donde no apareciera un malabarista haciendo prácticas. Lorenzo Centeno parecía un profesional de la perinola, en otra temporada aparecía el “yo yo”. El “hula hula” (no estoy muy seguro del nombre) también hizo su aparición, aquel aro en la cintura al que se hacía girar con movimientos más propios de una rumbera que de un atleta. (En ese, se puede afirmar que las hembras eran unas auténticas especialistas!). También estuvo de moda durante tiempo el llamado “diávolo”, aquel juego que consistía en hacer dar vueltas a una especie de carrete formado por dos conos unidos por el vértice. Pero excepto en algunos casos, esos juegos eran más bien cosa de varones. Las hembras pasaban muy rápidamente de brincar mecate, al juego de la vieja, aunque muchas eran también expertas en la perinola. Posiblemente muchos de esos juegos puedan resultar desconocidos para niños y niñas de hoy. Pienso que es una lástima. La electrónica y la TV probablemente ocupen básicamente las horas libres de los escolares. Hay que reconocer que los juegos de antaño desarrollaban aptitudes de equilibrio, coordinación, rapidez de reflejos, y otras tantas que aportaban considerables beneficios en la formación de la infancia.


Las actividades se proyectan también en horarios extra escolares

A petición de un grupo de padres, se abre el bachillerato. Hay que contratar más personal. Se añade Margarita García, básicamente para el bachillerato, del cual ella tomará las riendas. Para el inglés viene el señor Stalbohm y para Educación Artística Abel Vallmitjana. Para los que solicitan clase de religión se contrata al carmelita padre Bassols. Se doblan algunas clases de primaria, así hay 1º y 2º grado A y B, también 3º y hasta 4º. Las clases no deben superar los 28 alumnos por aula.


Los bachilleres


La gran familia despide a Vera

En 1955 Marçal se casa con Núria. El día del matrimonio civil, un desaprensivo asustado mata el pequeño oso hormiguero que se había convertido en el perrito faldero de Marçal. Era día no lectivo y se lo había dejado salir de su cercado para que fuera taladrando agujeros por todo el patio. Acercarse a la quebrada del fondo fue su perdición: un obrero de la construcción que trabajaba al otro lado de esa quebrada, creyó que aquello era un monstruo peligroso al que era necesario eliminar!

FINAL

Creo que fue en 1956 cuando el gobierno aprobó la ley de urbanismo según la cual buena parte de los terrenos de la parte baja de la urbanización de Los Palos Grandes pasaron a ser aptos para la construcción vertical. El futuro de las hermosas quintas con jardines se ensombrecía con oscuros nubarrones. La urbanización se iría llenando de grandes edificios. Un grupo de padres de alumnos, en representación de los demás y encabezados por el Dr. Octavio, se reúne con la profesora Gols para exponerle la conveniencia de trasladar el colegio. Aquel gran terreno se encareció de golpe al compás de la nueva ley, y los padres no consideran rentable mantener la escuela en ese lugar. Parece un buen momento para iniciar la consolidación definitiva del colegio adquiriendo un adecuado solar y construyendo el edificio que responda a las necesidades de los sistemas educativos que se siguen en el Montessori. Se hacen planos para la edificación de una escuela que habrá de ser modélica en su arquitectura. La propuesta de los padres es sencilla: vender, para comprar un terreno mejor ubicado y construir en él. Pronto aparecen unos compradores. Se trata de una sociedad formada por tres inversores húngaros de los cuales sólo recuerdo a Debreczeny y Ladislas Gonda, que es quien lleva la voz cantante. Jordi encuentra en los mismos Palos Grandes un terreno situado al otro lado de la avenida que rodea el actual Centro Catalán (que, recordemos, también había sido Montessori) por la parte de la montaña, inmediatamente debajo de lo que habrá de ser la Cota Mil, la actual Avenida Boyacá. Lo que no puedo precisar es si ese terreno fue sugerido por los mismos compradores húngaros. Se efectúa la compra sin saber que toda esa zona está reservada para los cimientos de la nueva avenida, y por tanto los terrenos no tienen permiso de construcción. Se encuentran congelados. La precipitación es mala consejera, y habría que buscar asesoramiento, pero no se hace. La mayor parte del dinero de la venta se va en la compra de un terreno no edificable. Una desinformación que convierte el paso dado en un error de fatales consecuencias. Otra buena parte del producto de la venta sirvió para cancelar totalmente los restos de la deuda que todavía quedaba pendiente con los padres que habían suscrito los bonos.

En marzo de 1957, Jordi con su esposa, los dos hijos (la pequeña María Elisenda nació en 1955) y la señora Gols, emprenden viaje a Europa. El Dr. Valencia Parparcen había aconsejado con insistencia que la profesora tomara unas vacaciones, pero fuera del país. Según el médico, pasar unos días en Turiamo no era suficiente para descansar, reponerse y olvidar un poco los problemas del momento. Marçal, mientras tanto queda encargado de terminar el curso y buscar un local adecuado donde trasladar la escuela provisionalmente, y además, efectuar ese traslado sin dejar su trabajo en la Escuela de Música Juan Manuel Olivares, donde da clases desde 1948. (Desde el fallecimiento de Juan Gols, el maestro Juan B. Plaza le había encargado la sustitución del profesor para convertirse en ayudante de la profesora Gols, a quien sustituiría definitivamente cuando ella dejó la cátedra en 1949.) El encargo del traslado era comprometido y difícil de abordar, y Marçal que no había participado en las decisiones tomadas hasta aquel momento, no estaba preparado para ese cometido.

Antes de marchar, la profesora Gols y Jordi propusieron la fundación de una cooperativa con el profesorado, cosa que fue bien recibida por parte de las maestras. Se trataba de buscar una fórmula para dar continuidad al colegio y en cierta forma relevar a la profesora. Aunque la única gestión que realizó la mencionada cooperativa consistió en encontrar una quinta en Los Chorros para el traslado urgente y provisional. Por lo demás, no llegaron a reunirse de nuevo.
Encontrar un local apropiado para instalar una escuela que alberga cerca de 500 alumnos no es ciertamente una tarea fácil, pero además, hay que hacerlo en tiempo récord. La quinta de Los Chorros, no reúne los requisitos indispensables, pero como quiera que se trata de una mudanza temporal a la espera de la nueva escuela, Núria, Xavier y Marçal, aprovechando el período de las vacaciones, se ocupan de desmontar y trasladar absolutamente todo. El material de trabajo, el mobiliario, el laboratorio, los pizarrones, etc., hasta los lavabos del kinder. Lamentablemente no se contó con la ayuda necesaria.

Durante el mes de septiembre se espera la matriculación, pero ante el triste aspecto y el carácter de provisionalidad del nuevo emplazamiento, los padres y representantes se desaniman, y con las más variadas excusas van aplazando las inscripciones. “Cuando ya la escuela esté en su nuevo edificio, vendremos para volver a matricularlos”. La reacción es lógica y natural.

Diciembre de 1957, revueltas estudiantiles y el siguiente 23 de enero cae Marcos Pérez Jiménez. Desde la Junta presidida por el almirante Wolfgang Larrazábal se oyen voces que anuncian la enseñanza gratuita para todos los alumnos del país. Es un rumor que no ayuda para nada en la recuperación del colegio.

Jordi vuelve a Caracas a finales de noviembre, para ver si puede hacer algo, pero ya es demasiado tarde. Se queda hasta febrero de 1958, asistiendo al derrumbe de la dictadura para marchar de nuevo hacia España.

Por otra parte, aquel buen equipo docente, se desintegra, y cada uno se busca la manera de superar la situación. No hay subterfugios que valgan, cuando un barco se hunde ya se sabe cual es el camino. Es triste, pero en honor a la verdad y en vista de lo que ocurría, era difícil contar con la colaboración necesaria. La escuela no podía abrir sus puertas sin contar con una matrícula suficiente, así que en espera de mejores tiempos, hubo que malvender todo lo vendible, incluso los autobuses, que encuentran su comprador en el profesor Juan Campà, director y fundador del Instituto Einstein, en Chacao.

El terreno seguía y siguió congelado por mucho tiempo. En 1966, es decir, aproximadamente nueve años más tarde, el gobierno procedió a abonar el importe de la expropiación, pagando un precio sensiblemente inferior al que se había abonado para la compra.

La profesora Gols, muy cansada, se queda durante un tiempo en Suiza, al cuidado de Jordito y resistiéndose a volver a Barcelona, por el temor a un regreso sin el esposo, y con los recuerdos de los tiempos pasados. Es Jordi, quien más adelante la convencerá para que vuelva a sus orígenes.

Triste e injusto final de una ilusión y empeño que con tanto amor y dedicación levantaron los esposos Gols, y que de no ser por unas decisiones equivocadas y, por qué no decirlo, por una especulación engañosa, probablemente habría alcanzado muy altas cotas en el campo de la educación y la enseñanza en Venezuela. 

APUNTE PERSONAL

Para mí, que tuve desde muchos años atrás la gran duda de mi vida, aquella pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez durante nuestra juventud: “qué voy a ser, qué voy a hacer cuando sea mayor?” la cuestión era complicada. Me dedicaré a la música? El objetivo de poder dirigir una orquesta me apasionaba, y mis sueños en ese sentido eran interminables. Acumulaba más de 12 años de estudios en esa dirección. Pero, por otra parte, el contacto diario con la infancia se me hacía imprescindible. Yo no vivía más que esperando la hora de encontrarme diariamente con esa gran familia que se había formado y que colmaba mis máximas aspiraciones. Había hecho acopio de una experiencia considerable en el campo de la enseñanza, y por tanto, no representaba ningun esfuerzo cursar magisterio para la obtención del título de maestro. Podía convalidar algunas materias y me sentía capacitado para dedicarme a la infancia. Mis maestros hasta aquel momento habían sido mis progenitores, y de ellos había aprendido tanto o más de lo que pudiera aprender bajo la tutela de otros.

El dramático final de la escuela me produjo tan gran desazón como podía hacerlo cualquier enfermedad. En aquellos días finales me encontré con que tenía que tomar una decisión definitiva y crucial. Me pareció que la opción era evidente: me dedicaría en cuerpo y alma a la música, no sin sentir una profunda tristeza por la separación de aquel proyecto, agravada por la forma en que la tuve que soportar, junto con Núria y Xavier.

No obstante, creo que en el fondo, siempre abrigué la esperanza de que tarde o temprano volvería a mis orígenes montessorianos, y que la aventura de la música sería eso, una aventura más o menos larga y una nueva y enriquecedora experiencia. De hecho, en 1979, estuve en Caracas una temporada, durante la cual traté de establecer los contactos para intentar reinicar el Montessori. Tuve algunas reuniones con ex alumnos en casa de Jordi, (los asistentes podrán recordarlo) pero la ocasión no pareció propicia, se necesitaba una financiación importante y no pude o no supe encontrar el respaldo suficiente para emprender nuevamente el camino de la más bella actividad posible, la docencia.

Hoy, después de tantos años transcurridos, con la inacabable nostalgia de un período inmensamente feliz de mi vida, y después de un inolvidable encuentro con toda la vieja guardia montessoriana, escribo estas cuartillas para dejar constancia de una pequeña historia y de algunos hechos que, de no hacerlo, habrían caído en el olvido, manteniendo un injusto desconocimiento de lo que fue nuestro querido Instituto Montessori San Jorge.

5 comentarios:

  1. Marçal realizas una excelente y completa reseña. Estudie en el colegio al final de su vida, en el principio de mi escolaridad; sin embargo, esta reseña me hizo valorar aún más el colegio. Me trajo alegres, nutritivos y hermosos recuerdos. Recordé unas fotos que tengo por ahí sobre las actividades del carnaval del colegio,donde están dos de mis hermanos y yo disfrazados de los Reyes Católicos, y otra donde está Corina. Mi mamá realmente se esmeraba con nuestros disfraces.
    Que momentos y momento tan agradable.
    Gracias Merçal por tu iniciativa. Éxitos!!!!

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  2. Querido Marçal: Gracias por tu narrativa de la historia de lo que ha sido para muchos de nosotros el crisol donde se formo la base de nuestra formacion tanto academica como humana.Alli muchos como yo, pasamos toda la primaria y parte de la secundaria, aprendimos a ser parte de una sociedad y a ser utiles a esa sociedad. Recuerdo a mi maestra, la Profesora Juanita Borovia, a la Profesora Gols, a Jordi, a Xavier, a mi profesor de cello el Profesor Eugenio Marullo, el coro, el Tamunangue, el Balls de bastons, mis companeros con quienes aun tengo amistad. Como olvidar todo lo que aprendi de ti!!Gracias por todo y espero volverte a ver, Fernando J. Galindez

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  3. Hola Marcal y amigos todos, acabo de descubrir -por pura casualidad- esta página. Cursé en el "Montessori" desde 3er hasta 6o. grado cuando pasé a La Salle-La Colina (1952) para seguir el bachillerato. Venía de un colegio alemán (Srta. Luise Hermann), Toda la vida vecino en Los Palos Grandes. Conservo fantásticos recuerdos de los Gols. Aprendí muchísimo por las actividades extraacadémicas. Fuí y sigo siendo fatal en lo musical. "me sacaron del coro y los bailes" JA!. Guardo amistades de aquel tiempo hasta el presente. Me encantaría colaborar en recordar hechos, situaciones, listados de alumnos y su curso de vida. Lamentablemente no me queda fotografía alguna. Como me encantó esta recopilación de Marcal. Indispensable. En una revista de pedagogía que guardo aparece un artículo sobre el aporte de lo catalán a la educación en Venezuela.Coloqué este blog en mi página del Facebook. Veremos que pasa. Herbert Stegemann, Médico Psiquiatra, hstegema@cantv.net y hstegema@gmail.com 22.02.2014

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  5. Muchas gracias por compartir la historia del Colegio Montessori, me encantó tu relato y me dejó muy nostálgica y triste.... yo tuve la suerte de cursar Kinder y 1er grado (1954-1955) en el Montessori (después mis padres me cambiaron al Colegio Humboldt), y casi no recuerdo nada de aquella época, pero conservo algunas fotos de la ceremonia de fin de curso en 1955 y una donde llevo el uniforme de las niñas (pantalón con peto color rosado). Si alguien tiene interés en las fotos con gusto las compartiré.
    Dorothea Eberstadt, Wasserburg am Inn, 12.04.2015

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